Recordad que empecé hablando del suboxone y mi experiencia con él el verano pasado tras haber hecho una desintoxicación que como todas las demás, terminó por no servirme de nada, salvo para dejar de fumar que fue cosa 100% mía y no del programa y para resolver algunas dudas que a día de hoy ya tengo claras por un buen tiempo.
Y sin más preámbulos comienzo a hablaros del tercer y último tipo de desintoxicación a opiáceos que nos queda. Y como terminé diciendo en mi anterior entrada, la que más engrosa las cuentas bancarias.
Hablamos de la desintoxicación llamemos estándar o deshabituación que es lenta y se hace poco a poco en la U.C.A.
Hablamos de la ultrarápida que estás 48 horas en el hospital.
Y nos queda ésta que se le llama sólo rápida y no ultrarápida y está entre medias de una y la otra en cuanto a duración.
Abril del 2014. Vaya, hace un año.
Tras buscar y buscar por Internet. Llamar y llamar y preguntar, me decido por una.
15 días, 3500 euros. Pero claro, te dicen que sales totalmente desintoxicado y después de tantos años y con tantas ganas de abandonar esa adicción, pues familiares que te ayudan y te pones manos a la obra.
Ya en la consulta antes de entrar te dicen o te enteras de que sí, son 3500 euros 15 días, pero se precisan 2 quincenas. O sea son 7000 euros los 30 días.
La familia te dice -Vale, no te preocupes que algo se podrá hacer- Y tú todo ilusionado ingresas.
Lo primero que te hacen además de un minucioso registro es firmar un documento de confidencialidad, ya que en algunas terapias entre la medicación y algunas caras que veía, no sabía muy bien si me encontraba en tal terapia o en un programa de televisión de telebasura.
Tras mi primera entrevista con mi psiquiatra, le entrego un informe de mi psiquiatra de la seguridad social en el que deja claro que soy extremadamente sensible e intolerante a ciertos tipos de medicamentos.
Me presentan a todos los pacientes y comienzan a reducirme drásticamente la metadona paliando los síntomas con una medicación que te resultaba prácticamente imposible permanecer despierto. De tal forma que en una semana ya no tomaba metadona.
Pero primer error que como paciente quiero hacer llegar.
Cuando empecé a no tomar metadona lo noté mucho y fue una cambio demasiado brusco.
Yo pienso que mientras todavía tomas metadona no hay que darte tanta medicación y sí hacerlo en el momento que comienzas a no tomarla.
Los fines de semana sin contar el primero, permitían que te visitaran algunos familiares.
Y cuando llegó el gran momento, mi familia rompió a llorar al ver las pésimas condiciones en las que me encontraba. Apenas me tenía en pié. Y como ahora estamos en la época de la cocaína, yo era el único paciente que estaba haciendo una desintoxicación de verdad. Los demás a mi me parecía que estaban como en un spa y no sólo eso sino que hasta notaba sus miradas que me penetraban como si de una persona extraña se tratara.
Y la realidad es que la mayoría eran unos niñatos hijos de papá que los habían pillado consumiendo algún fin de semana. Y por eso me miraban como algo extraño que no iba con ellos.
Pero no me quedó otra que asumirlo. Lejos quedaron aquellos años de comunidades terapéuticas en las que el 90, 95 o 100% éramos adictos a la heroína.
Esas visitas estaban preparadas para salir a dar un paseo con la familia. Pero en mi caso no podíamos salir de la habitación ya que hasta para salir a despedirlos, me tenía que apoyar en sus hombros para poder andar.
Llegó la segunda visita. Y esta vez si que noté como se rompieron sus corazones en mil pedazos.
A mi pésimo estado de salud que padecía a causa de S.A.O. que tras pagar esas cantidades uno piensa que se va a tratar de un paseo, hubo que sumarle un ataque de parkinson que se me provocó por hacer caso omiso al informe de mi psiquiatra de la seguridad social en el que se advertía de mi intolerancia a ciertos medicamentos. Y como veis en la foto de la arriba de un enfermo de parkinson, me era totalmente imposible ponerme erguido. No podía comer ni enjuagarme la boca porque la mandíbula sólo podía moverla hacia arriba y hacia abajo. nunca hacia los lados.
Y lo de enjuagarme vale. Pero lo de comer, al no poder masticar, tenía que tragar los trozos de comida enteros de la misma forma que lo hacen los cocodrilos. Pero ellos tienen el estómago preparado para ello. Nosotros, no.
Cuando me vio el médico, me dijo que enseguida me pondrían una inyección y que al día siguiente ya estaría saltando junto a los demás.
Al respecto sólo diré que los síntomas no se me fueron al día siguiente ni en ese año. Que una neuróloga a la que fui precisamente porque no se me terminaban de ir ciertos síntomas, me pidió un T.A.C. craneal y un E.E.G." electroencefalógrama." Y que el día 9 del 2 ya del 2015 me diagnosticó entre otras, parkinsonismo farmacológico en remisión.
Bueno, también añadiré que tras preguntar mi familia si lo que me ocurría era normal, la respuesta fue que yo exageraba porque era una persona que le gustaba llamar la atención. Idea que extendieron a mis compañeros hasta el punto de que cogiendo un día el desayuno, caí al suelo y no me podía levantar y escuché como al ir a levantarse algunos a ayudarme, se lo impidieron porque afirmaban que estaba haciendo teatro. Hasta que por fin uno que hacía poco que había entrado y lo hizo por el mismo problema que yo, se dio cuenta de todo lo que os cuento, se levantó de la mesa, llamó a todos de todo menos bonitos y me ayudó a levantarme.
Lástima y sentimiento de culpa me queda al ver que tras ese suceso, siguió avanzando hacia su habitación a prepararse las maletas. Ya había visto bastante y afirmó no quedarse en un sitio con tales prejuicios.
Y es que es el día de hoy, en que se sigue viendo al consumidor de heroína como basura y al de cocaína respetuoso.
Y llegó la tercera visita.
Se cumplía el mes y mi familia apenas veían progreso en mi estado.
Yo ajeno a todo porque los psicoterapeutas dicen que me tienen que proteger de todo incluido cualquier disgusto o quebradero de cabeza, mi familia se reunió con ellos para aclarar el tema. Ya que se cumplía el plazo de mi estancia y ni me veían para salir ni lo estaba.
Pero luego más tarde se me explicaron algunas cosas como que cuando se hizo tal reunión yo estaba totalmente atrapado.
Mi familia dice que no me ve para salir y que no hay más dinero.
Y ellos dicen que si salía de allí tendría que ser a un hospital. Y que ellos no son ninguna O.N.G. Así que a la hora de buscar una solución a la que pudiéramos hacer frente, todas ellas eran casa de acogida también de su empresa, centro de día también de su empresa y lo más inmediato a hacer mientras se piensa como seguir, continuar allí una semana más con el dinero de la fianza que se entrega al ingresar. El caso es que estás atrapado y todas las salidas miran hacia el mismo lado; hacia su empresa. Y todas las salidas se consiguen de la misma manera; con más dinero.
Al final pasé esa última semana allí y cuando salí me fui a su centro de día que era lo más económico, pero que aún siéndolo hubo que desembolsar la ya agonizante para nosotros cantidad de 2500 euros.
Y una vez más tras prometer en un principio una desintoxicación de quince días, terminaron por ser más de dos meses y lo peor que como en el capítulo 1 dije; te dicen que te suben al Everest y terminan por dejarte en el campamento base.
Al final fueron más de 10.000 euros.
Que gran negocio.


